La reina de la jungla

Concierto de St.Vincent (Sala Apolo 25/11/2014)

Cuando acudo a ver un concierto, siempre lo hago esperando ver alguna cosa especial, alguna cosa que me haga sentir, vibrar, pensar y/o pasarlo bien. Formar parte de un momento único, e irrepetible. Esa es la gran virtud de los conciertos en directo, el lugar dónde un artista difícilmente te puede engañar. Y St. Vincent no sólo no lo hizo sino que me convenció de haber asistido al concierto del año. Ahora sé que algunos me tendrán envidia por haber vivido momentos inolvidables que ya pertenecen a mi memoria.

No esperéis encontrar aquí, ni las canciones que tocó, ni se hizo alguna versión o tocó aquel tema de esa cara B, imposible de encontrar. Eso lo dejo para las enciclopedias vivas, a las cuáles respeto enormemente, pero que al leer críticas de concierto no me aportan nada nuevo. Aquí encontraréis mis emociones, mis sentimientos e, incluso, mis fobias. Y como los conciertos son experiencias, y sin duda, me gusta observar, también podréis vivir lo que me rodeó, lo que oí, lo que vi…

Para empezar y dejarlo claro desde el principio dos reflexiones, diría que casi morales. El concierto de St.Vincent me sirvió para tener aún más claro que Barcelona se merece más conciertos únicos que festivales, sin duda necesarios para el negocio y para vivir uno de los mejores actos de socialización en este mundo personal pero que atropellan la posibilidad de ver artistas en toda su dimensión: en distancia más corta, sin limitación horaria, y sin que el amigo pesado te diga que en el otro escenario está tocando la banda ‘hype’ del momento.

St.-Vincent-performs-during-Hopscotch-2014

St.-Vincent-performs-during-Hopscotch-2014. copyright: smashcutmag.com

Conciertos de más de una hora, donde la banda o el artista te puedan ofrecer todas sus posibilidades o limitaciones. Conciertos con más comodidad, con mejor sonido también. Si me estoy haciendo viejo, sin duda, pero ver St. Vincent a 10 metros de ti viendo como se pasea subida al hombro del personal tocando su guitarra, no es lo mismo que verla en una pantalla de grandes dimensiones, y con el grupillo de gente de la lado, comentando lo bueno que está el ‘polvo’ o el odio por la capulla que le ha dejado colgado por un ‘guiri’ de buen ver.

Todo empezó con dudas. No por el aspecto de la artista, ‘artistaza’ diría yo. Vestida con lentejuelas, cortito, botines de tacón, medias resquebrajadas, pelo medio enlacado que terminó como tocado por una sesión de electroshock. Pintada a la perfección para mostrar una cara salvaje, diría que maquillada para aparecer en un video-clip donde tendría que jugar el papel de animal salvaje de la jungla.

Las dudas vinieron porque en su banda de acompañamiento, que diría que ha elegido para que todas las miradas vayan hacia ella, había dos teclados y una batería. Y en su primer tema, escuché unas trompetas. Salían de las máquinas, sin duda. Pero todo cambió cuando se colgó la primera guitarra, del largo repertorio de formas y colores que se colocó durante todo el concierto.

Esta chica es virtuosa en muchas cosas, pero verla tocar la guitarra con esa facilidad pasmosa, moverse como una gata enfurecida o tumbarse en el suelo como tocada por un ataque de rabia, la convierte en una reina del escenario. Lo domina a la perfección, sabe cuando hacer las pausas para entablar diálogo con el público (creo que el inglés ha mejorado mucho en esta ciudad, porque todo el mundo aplaudía sus mensajes), sabe cuando debe subirse a un pequeño altar para cantar las canciones más mesiánicas o alargar un solo de guitarra que la conduce a un éxtasis vital que a muchos nos gustaría experimentar.

Y luego esa parte de ‘payaseta’ que puede convertirte en la persona más ridícula del mundo, pero que en ella se convierte en un deseo de abrazarla. Bailes robotizados, gestos exagerados y movimientos de manos hipnóticos, que se transmiten al público. Todo un manual de la perfecta reina del escenario, reina de la jungla musical.

Gracias Annie Erin Clark – su nombre real – por tantos momentos divertidos, emocionantes y diría de una calidad artística fuera de lo común. Al menos, yo no lo he visto demasiadas veces. Lo que no sé, es si el pesado del móvil, que tuve al lado toda la noche con su camiseta de Fred Perry a rayas, hablando con una chica y tocando su móvil sin parar durante todo el concierto y alardeando de no sé que banda había descubierto, se enteró de algo. La verdad le hubiera agarrado del cuello y le hubiera expulsado del concierto. Me hago viejo y no lo hice, pero se lo merecía sin duda. Lo reconozco, yo también utilicé el móvil un par de veces. Una para saber que Messi había vuelto a marcar tres goles, y otras para decirle a mi querida Ares, que estaba asistiendo al concierto del año.

Si queréis imaginar cómo pudo ser lo que ví en el Apolo, mira aquí debajo

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About killtheparty dj

Promotor y selector musical, fan, y editor de libros. Fundador del festival Vallsonora y programador del 2013 al 2015.

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